Fuimos a escuchar música y nos convertimos en una especie de miscelánea dentro de un tratado vital, una mezcla de voces, edades y risas que hicieron de esas horas una algarabía trascendental, una felicidad innegociable, un recuerdo presto a despertar en el momento adecuado. Al día siguiente continuaron las mezclas y nosotros disfrutamos de Burn Cottage Vineyard Pinot Noir, de la I.G. Central Otago, en Nueva Zelanda. Su uva tan plural nos colmó de flores y frutas, de elegancia y vivacidad, de ganas de repetir.
En algún instante de este periplo sonó Eye in the sky, de The Alan Parsons Project.