Estaba cenando con A., J., A. y M. (a quien me encantó conocer) y compartimos El Sequé, un vino de la D.O. Alicante con una uva monastrell profunda y evocadora. Una obligación laboral nos había reunido y decidimos asomarnos a su reverso para disfrutar de aquellas ya imborrables horas. Fue un acto consciente, obstinado, lleno de intenciones, resiliencia y cierta algarabía.
En algún momento debió de escucharse música; o no. De ser así, podrían haber sonado los acordes alborotados de Relax, de Frankie goes to Hollywood.
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