Vinieron I. y N. y trajeron recuerdos, aprecio y su generosidad habitual. Fueron días de platos y paseos, de lluvia y sol. Sobrevolando los pensamientos y las horas, a cada paso hablábamos de A. Esta vez me emocionó un detalle inolvidable: su indiferencia por lo material, su empeño en deshojar el tiempo solo en lo importante, en lo imperecedero. Brindamos por él con Finca Río Negro, de la I.G.P. Vino de la Tierra de Castilla, con sus uvas tempranillo, cabernet sauvignon, syrah y merlot perfectamente ensambladas, potentes, amables, inmensas.
Una de las canciones más imperecederas y arrolladoras que conozco es Thunderstruck, de AC/DC.