Pensaba en la ilusión del movimiento, en la traslación fingida de los días, en la inmediatez de todas las cosas, en el instante fijado que se abre a otro instante que ya pasó. Somos circunstancia efímera, perecedera, huidiza, que crea la singularidad del yo en el que creemos vivir. Festejábamos uno de estos días pasajeros, el de I., y lo hicimos con Purgapecados, un Vino Varietal de Castilla-La Mancha, repleto de uva cabernet sauvignon, inmenso en la madurez de los aromas que nos regaló, en los innúmeros sabores que atesoraba, en el recuerdo fugaz al que nos aferramos. Una maravillosa revelación.
Tal vez lo único que perdura es la emoción que sentimos con ciertas obras de arte. Como el Adagio del Concierto de Aranjuez, del maestro Joaquín Rodrigo.
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