Estábamos en una ciudad acogedora como nuestros gestos, llena de pubs, amabilidad, vinilos y una increíble luz, cuatro amigos celebrando décadas de caminos encontrados, de conocimiento y compartición, de ganas de quedar. Hablamos de la realidad, de su tal vez carácter maleable, su relación con el paso del tiempo, su visión personal. Yo decía que sí existe, que las cosas ocurren solo de un modo. Lógicamente, no hubo quorum. Uno de esos fantásticos días brindamos con Webersburg Cabernet Sauvignon, de la zona vinícola de Stellenbosch, en Sudáfrica, repleto de una de mis uvas favoritas, profundo, con frutas maduras maravillosas, mineral y amable.
Entre tanta música, sin duda escuchamos California dreamin', de The Mamas and The Papas.
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